domingo, 26 de septiembre de 2010

La singular historia del rosarino que conquistó a Alfa Romeo


Hay un rosarino que tiene el raro privilegio de manejar el auto que diseñó y que es fabricado por una de las más emblemáticas marcas mundiales. Juan Manuel Díaz pensó un Alfa Romeo a la medida de su bolsillo en 2002 y dibujó el MiTo, que fue presentado el 7 de marzo de 2008 en el prestigioso Salón de Ginebra con un éxito tan grande que resultó elegido Auto Europa 2009 y disparó las ventas de la automotriz milanesa.

Pero desde su salto del colegio de los hermanos maristas al centro de diseño de máquinas ilustres pasó agua bajo el puente.

   Díaz, de 36 años, quien ahora es jefe de diseño exterior de la marca del trébol, recordó sus erráticos comienzos. Pensaba estudiar diseño pero, con sus 17 años, no quería abandonar la ciudad.

“Me anoté en arquitectura, pero después de dos años se concretó el desenlace de un fracaso anunciado”, comenta entre risas.

Dio entonces con el curso de diseño industrial que dicta Guillermo López Arena, que completó en tres años.

“Hice una tesis de diseño industrial aplicado al transporte y también el de un auto económico para Argentina, que me sirvieron para poder cursar en el Istuto Europeo di Design, en Italia”.

   El instituto tiene escuelas en Italia y otros países europeos y una fluida relación con las compañías más prestigiosas.

“Mientras estudiaba, comencé a trabajar en el centro de diseño de vehículos industriales de Renault, donde estuve cuatro meses diseñando camiones y ómnibus.

Cuando volví entregué la tesis, que era un proyecto para Alfa Romeo, lo que me sirvió para que me conocieran en la automotriz.

Luego fui a Pininfarina; me interesaba entrar al Grupo Fiat. Terminé esa pasantía y me quedé sin nada.

Entonces lo llamé al que era director de diseño de Alfa, Wolfgang Egger, que ahora está en Audi, y con quien ya habíamos trabajado, y me dijo «empezás mañana».

¡Gracias a Dios!, porque estaba bastante desesperado.

Desarrollé los interiores (asientos, tablero, volante, palanca de cambios, consola...) del Alfa 159, que ya lo estaban terminando, y después pude hacer el interior del Alfa Romeo 8C.

El tablero era en carbono y tenía muchos detalles en aluminio.

Ese trabajo sirvió para que me tomaran en cuenta; gustó muchísimo, no sólo en la empresa sino afuera.

Ahí, con 27 años, aproveché la posibilidad de quedarme en esa marca única a nivel mundial”.

   “Además, la gente de Alfa me dio muchas oportunidades; ellos me dieron la pelota para que haga los goles”, subrayó durante una charla que mantuvo con La Capital el lunes último, cuando terminaba unas breves vacaciones que usó para darse un “baño” de afectos en la ciudad.

   Díaz se acompaña de ademanes justos para reforzar las ideas, que desgrana en forma concisa.

Dueño de una firme modestia, relata cómo llegó al MiTo (Milano-Torino), pero omite decir que lo que va de su vida ya figura en Wikipedia y que el video de la presentación internacional que él hizo del auto de sus sueños es muy frecuentado en YouTube.

   “Alfista” de alma, este espigado hincha de Rosario Central (pidió, divertido, una pelota amarilla y azul a dos muchachos que pasaban por el Museo de Arte Contemporáneo durante la sesión fotográfica), se le iluminan los ojos cuando desde su metro ochenta recorre las líneas del MiTo que la automotriz le confió durante su estancia rosarina, a pesar de haberlas dibujado miles de veces.

   “Cuando estábamos haciendo el 8C (una coupé de dos asientos de altas prestaciones) falleció mi padre. Me volqué por completo al trabajo.

Una noche estaba pensando que quería un auto del tipo del 8C pero que me lo pudiese permitir.

La coupé costaba al inicio de la venta 160 mil euros. Entonces, dibujé lo que sería el MiTo y se lo mostré a mi jefe. A él le gustó pero no existía entonces en la compañía un plan para fabricar este auto”.

   “Luego de tres años, en 2005, la gente de marketing pide un auto para este segmento. Hicimos varias propuestas, que no gustaron”.

   “Entonces —prosiguió— mi jefe me dijo «¿te acordás ese auto que me habías mostrado? ¿Por qué no me lo hacés ver?».

Me pidió que lo modernizara un poco y lo presentamos.

El proyecto gustó y todo fue con semáforo en verde.

Lleva una plataforma (piso) B del Grupo Fiat que es la del Punto europeo.

Es muy buena. Al MiTo lo eligieron Auto de Europa de 2009, pero para mí, la verdadera satisfacción fue verlo en la calle.

Fue un auto que ayudó a levantar bastante las ventas”.

   “Ahora tenemos mucha expectativa con la Giulietta (fue presentado en abril de este año con una crítica muy buena), es un auto excelente.

Lo han probado periodistas alemanes y han dicho que es la primera vez que un auto italiano está a la altura de los alemanes”, destaca.

Como jefe de diseño exterior está abocado también a dos nuevos proyectos de Alfa, una berlina grande y un SUV (4x4).

   “Tratamos de dar una imagen menos estresada a los autos.

La corriente actual de diseño es hacer autos muy anónimos, tratando de darles carácter con la mirada o con las luces posteriores.

En Alfa se persigue que todo el auto sorprenda y guste, que no sea como una chica que sólo tiene los ojos lindos”, puntualizó.

   Al hacer un análisis de las distintas corrientes de diseño, considera que los estadounidenses han abandonado un poco la escuela de los años 50 y 60, los años dorados.

“El auto es un resumen de los gustos del comprador y de cómo él vive.

En Estados Unidos ahora usan interiores que deben tener lugar para el vaso gigante de café caliente y espacio para comer, porque allí casi se vive en el auto.

En Europa los vehículos deben ser pequeños porque no hay espacio, hay que moverse.

Y Argentina no se entiende, porque gusta todo y no gusta nada”.

   “También se observa que se contraponen necesidades y gustos, como el caso de las mujeres, que están más cómodas manejando un auto chico pero prefieren una 4x4 porque se sienten más seguras.

Son cuestiones importantes que hay que estudiar y quien haga esos cambios pequeños en un proceso productivo tiene la ventaja, porque entre el diseño y la fabricación pasan cuatro años, pero después, ese auto se produce por siete u ocho años más, es decir que hay que pensar con anticipación de diez años cuáles son las necesidades del hombre hoy y cuáles van a ser las de mañana”.

   Juan Manuel Díaz sorprendió en una marca mítica, Alfa Romeo, y está plantado en la estela de grandes diseñadores como el bonaerense Alejandro De Tomaso y el casildense Horacio Pagani, quienes hicieron y hacen palpitar la pasión por los “fierros” más nobles, también desde Italia, la cuna del diseño
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Por Alfredo Chies / La Capital.
lacapital.com.ar

miércoles, 23 de junio de 2010

Naturaleza para imitar


A temperatura ambiente, la araña crea una seda que, gramo por gramo, soporta las fuerzas cinco veces más que el acero y no requiere del sucio proceso de fundición (ni tanto consumo de energía).
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El recubrimiento nacarado de la concha del abulón, un caracol marino de California, es dos veces más resistente que las cerámicas industriales fabricadas en enormes hornos.
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Y los tiburones se deslizan en el agua sin necesidad de nafta.
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No es extraño, entonces, que cada vez más ingenieros y científicos de empresas e institutos de investigación empiecen a buscar inspiración en el mundo natural para crear nuevos productos y aprender a desarrollarlos de maneras más eficaces, económicas y amigables con el medio ambiente.
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Ese campo, denominado biomimética, conjuga el esfuerzo de biólogos, ingenieros y diseñadores para resolver los desafíos de fabricación más azarosos.

Bharat Bhushan, director del Laboratorio Nanoprobe de Biotecnología, Nanotecnología y Biomimética de la Universidad Estadual de Ohio, calcula que el ingreso de los 100 productos biomiméticos más importantes ascendió a US$ 1.500 millones entre 2005 y 2008.
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Entre los que circulan en el mercado actual se encuentran algunas ventanas autolimpiantes y pinturas para exteriores inspiradas en las hojas del loto que, aun en su hábitat natural, los fangosos deltas fluviales, permanecen impecables sin necesidad de agentes limpiadores; telas, pinturas y cosméticos que abrevaron en la forma en que colorean sus alas las mariposas; y una nueva variedad de madera laminada con un material que imita las proteínas con que el mejillón azul se mantiene adherido a las rocas, en vez de recurrir a un pegamento derivado del formaldehído.

En cierto modo, científicos, diseñadores y artistas buscan ideas en la naturaleza desde hace cientos o quizá miles de años.

Leonardo da Vinci estudió el vuelo de las aves para diseñar lo que habría sido un avión rudimentario. Mucho tiempo después, un ingeniero suizo que practicaba excursionismo en los Alpes se inspiró en los espinosos ganchitos flexibles del fruto de una hierba, la bardana, para inventar lo que hoy se conoce como Velcro: un material que, antes de usarse en artículos como calzado infantil y otras mil aplicaciones, estuvo reservado a la industria aeroespacial, que financiaba su propia investigación.
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La NASA, la Agencia Espacial Europea y el Ejército estadounidense estudiaron el mundo natural para desarrollar armaduras y uniformes ligeros que se reparaban por sí solos (incluso en el momento más álgido de la Guerra Fría, los militares estadounidenses unieron fuerzas con los soviéticos en ese campo de investigación).

A fines de la década de 1990, estas tecnologías comenzaron a fusionarse en un movimiento más vasto.
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El costo de la energía se elevaba a medida que comenzaban a menguar las reservas de petróleo; en salas de reunión y mesas de diseño, los ejecutivos empezaron a buscar alternativas a los métodos convencionales de fabricación, mientras que los adelantos en materiales, ciencias y nanotecnología iban a volver viable el replanteamiento y la reingeniería de infinidad de productos.

“Antes —dice Robert J. Full, biólogo de la Universidad de California en Berkeley y especialista en biomecánica comparativa— nuestra tecnología tendía a ser voluminosa y rígida.
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Y utilizaba metales e infinidad de ejes y rodillos combinados con algunos transductores y motores”.
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En comparación, la naturaleza es “pequeña, adaptable, flexible y curva; usa apéndices y montones de transductores”. En opinión de Full, la nanotecnología permitió que los ingenieros también empezaran a visualizar las cosas en el nivel molecular.

Un catalizador de este movimiento fue la obra de Janine Benyus, una escritora de Montana con abundantes conocimientos naturales y científicos.
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A mediados de la década de 1990, comenzó a recoger y catalogar ejemplos de lo que ella llamó “biomimética” y descubrió que, en buena medida, los individuos que se desempeñaban en ese campo no se habían identificado como especialistas y seguían trabajando en completo aislamiento de sus colegas.
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En 1997, Benyus reunió sus relatos en el libro “Biomimética: innovación inspirada por la naturaleza” y poco después, recibió llamados telefónicos de empresas como General Electric, Boeing y Nike pidiéndole que investigara la forma como la biomimética podría beneficiarlas.
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“Empezaban a sufrir la presión de hacer ‘verdes’ sus políticas y procesos”, explica. “Así que se preguntaban si no debían poner otra silla en la mesa de diseño y reservarla para un biólogo”.

La escritora y sus socios pronto llegaron hasta los laboratorios de investigación y desarrollo, y, a través de su institución no lucrativa (“Biomimicry Institute”) y su rentable organización de consultoría (Asociación Profesional de Biomimética), pusieron en contacto a individuos que compartían una visión en las comunidades empresarial, científica, de ingeniería y de diseño.
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Con el tiempo, empezaron a surgir muchas ideas de inspiración biológica. Benyus asegura que si examinamos la Base de Datos de Patentes Mundiales entre 1985 y 2005, es posible constatar que la cantidad de veces que se menciona los términos “bioinspiración”, “bioimitación” y “biomimética” se elevó 93 por ciento, contra un incremento de apenas un 2,7 por ciento en las patentes generales. Universidades e instituciones de investigación de Estados Unidos, México y otros países comenzaron a abrir centros dedicados a este tema.
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“Nos encontramos actualmente en una etapa inicial de crecimiento explosivo”, asegura.

De hecho, es muy posible que la mayor parte del proceso de crecimiento aún esté por ocurrir. Bhushan (de la Universidad Estadual de Ohio) está estudiando las escamas diminutas que recubren la piel de los veloces tiburones para ver la manera de reproducirlas en barcos y aviones, reducir la fricción e incrementar la eficacia en consumo de combustible.
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El investigador revela que Boeing y Airbus aplicaron la tecnología inspirada en la piel del tiburón y comprobaron su potencial para reducir la fricción hasta en un 3 por ciento, lo que a su vez se traduciría en una reducción equivalente en costos de combustible.
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Pax Scientific, organización del norte de California, descubrió que, al adaptar la espiral logarítmica del nautilo a las aspas de un ventilador, se incrementa la eficacia hasta en un 40 por ciento, y esto podría redituar en importantes mejoras: según cálculos de Bayna Baumeister, de la Asociación Profesional de Biomimética, un 40 por ciento del consumo energético global se dedica a la operación de bombas, ventiladores y motores: todos, dispositivos que utilizan aspas o rotores.

Algunos de los descubrimientos más interesantes ocurrieron en el sector de arquitectura y planificación urbana.
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En Harare, Zimbabwe, el arquitecto Mick Pearce y los ingenieros de Arup Associates construyeron un edificio de altura media que reproduce los montículos de las termitas, los cuales se mantienen casi constantemente en 31 grados centígrados aunque la temperatura exterior oscile de 3 a 42 grados.
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El diseño de Pearce no utiliza aire acondicionado y consume 90 por ciento menos energía que un edificio convencional de tamaño equivalente.
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También hay proyectos de construcción biomimética en India, Brasil, Oriente Medio y otras regiones donde los ingenieros tratan de introducir materiales que imitan la capacidad de las plantas para regular la humedad o el uso de energía solar. HOK, una de las firmas de arquitectos más importantes del mundo, trata de reproducir lo que los biomiméticos denominan “el genio del lugar” (la forma en que la naturaleza construye ambientes eficientes a lo largo del tiempo) a fin de crear un desarrollo de 2,4 millones de metros cuadrados en escasas 450 hectáreas vecinas a la ciudad de Pune, India.
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Con ese objetivo, HOK estudia la forma en que los techos podrían emular la irregularidad de las bóvedas arbóreas que evitan la erosión del suelo gracias a que disipan la energía de las lluvias monzónicas y crean corrientes de viento que, en esencia, devuelven la lluvia a la atmósfera.
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La organización también busca copiar los distintos tipos de raíces que desarrollan los árboles, en vez de degradar el paisaje con un tajo en forma de “L” para poner los cimientos en terrenos con colinas.

Por ahora, revela Chip Crawford (miembro de HOK), estas ideas se encuentran en fase experimental.
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Pero como todas las poblaciones urbanas crecen de forma acelerada, sobre todo en el mundo en desarrollo, “tenemos la tremenda obligación de resolver, cuanto antes, el dilema” de construir las nuevas ciudades, declara Crawford.
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Y la naturaleza misma podría ofrecer la solución del problema.
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elargentino.com

lunes, 22 de septiembre de 2008

Se presentó el Programa Nacional de Calidad y Diseño



Roberto Rapela, Miguel Campos, Luis Puga, Marcelo Bufacchi coordinador ejecutivo de la SGP y Marcelo Rubio.

Roberto Rapela vicepresidente de CACER, Miguel Campos y Luis Puga, presidente de CACERa,
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El Coordinador Ejecutivo del Gabinete Científico Tecnológico (GACTEC), Ph. D Miguel Campos presentó ayer el Programa Nacional de Calidad y Diseño (PRONACAL), el cual busca estimular la articulación entre los sectores público y privado en pos de una mejora de la calidad de los productos de origen nacional. “
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La búsqueda de la calidad es un techo móvil y ascendente que necesita de la sinergia y la articulación de todos los sectores. Para ser competitivos en el mercado ya no hay que pensar en el producto individual sino en la calidad como un todo. El camino al desarrollo económico es la calidad.” afirmó Campos, durante su exposición
Roberto Rapela vicepresidente de CACER, Miguel Campos y Luis Puga, presidente de CACER
en el Seminario de Certificación de Alimentos, organizado por la Cámara Argentina de Certificadoras de Alimentos, Productos Orgánicos y afines (CACER).
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El objetivo del encuentro fue transmitir a productores, industriales y profesionales los beneficios de la certificación como valor tecnológico agregado para posicionar los productos en el mercado local y en el exterior. Miguel Campos destacó que el anuncio del PRONACAL en este ámbito se debe a que el sector de alimentos entiende que la certificación alimenticia es un factor importante para el desarrollo del país.
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La certificación es una herramienta indispensable para el desarrollo y la implementación del programa de calidad. A través de la misma se logra el desarrollo sustentable mediante la aplicación de herramientas como la planificación, ejecución, control y auditoria, etc.
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Según el Coordinador Ejecutivo del GACTEC “la calidad es una herramienta de desarrollo sustentada en la ciencia. Este nuevo enfoque que relaciona la calidad con el sistema científico tecnológico nacional, puede mejorar significativamente nuestro
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